lunes, 6 de mayo de 2013

Donde se acaba la vida


Alejandra recorre los 20 km que separa su casa de la nueva residencia. Son tan sólo 20 pero le parece 100, toda una eternidad. ¡Jamás pensó que terminaría visitando a su padre en semejante hogar! su padre sufre párkinson con una evolución de 25 años, está en la última fase de la enfermedad, la más dura, esa que le deja en estado de off la mayor parte del tiempo. Apresado de una maldita y caprichosa pastilla llamada levodopa.

Baja de coche, arrastra su alma hasta la entrada, incluso las sillas de ruedas y andadores la sobrepasan, es la última en llegar a  la meta.

Un momento de meditación antes de entrar, un jadeo, un trapicheo de sonrisa, una deshidratación rápida a su mirada, acomodada, lista, ¡Ya!

-Hola papa, ¿qué tal estás!

Juanjo abre los ojos con la mirada enturbiada por las cataratas, por la comisura de su boca cae un hilo de baba, su hija le limpia con cariño, le achucha y en un movimiento rápido saca a su padre en su silla de ruedas de la sala infernal.

La llama la sala infernal porque están todos los residentes dependientes, no le gusta nada, nunca ha visto tanta ausencia junta.

Empuja su silla de ruedas y se van a una sala más intima, donde su padre se sienta cómodo, mientras le cuenta como ha ido el día, lo mal que estaba la A-5.

Juanjo se estira, bosteza y por arte de la levodopa aparece en escena.

-¿Qué tal hija? ¿Mucho trabajo?
-Demos una vuelta por el centro, cojamos el ascensor, vamos a cotillear.

Alejandra empuja y empuja hasta la próxima toma, intentado ganar tiempo a la vida que esta se acaba.





MARIA JOSÉ CEA VILLAOSLADA
MAYO 2013

CUCARACHA


Flor se enjuaga las canas en el café de las 5. Postrada entre ruedas, asoma su mirada a través del ventanal.
60, 59,58…ringggg se oye en toda la calle, es la sirena del colegio. Todos los viernes hace el mismo ritual, tuerce su silla de rueda, limpia sus lentes, cuadra todos sus libros y mentalmente se hace una pregunta.
¿Qué cuento le pedirán hoy?


…………………..

Suso, Moni y Pepín, meriendan en la cocina su pan con chocolate. Hoy  la mamá no repetirá la misma frase de todos los días; es viernes y los viernes toca tarde de cuentos en casa de la señorita Flor, esa viejita del bajo derecha que fue periodista,  y que ahora espera en cualquier momento la visita de la parca.

……………………..

La  puerta ha sonado y Priscila la asistenta personal de la Srta. Flor, se dispone abrir, no le sorprende la llamada porque sabe que todos los viernes a las 17:30 los niños del barrio visitan a la anciana.
 La merienda preparada, esas galletas de chocolate blanco con frambuesa, chocolate caliente y las mini sillas que mando comprar en ikea para que los niños se sentaran a su alrededor.

………………………….
Los niños pasan y besan a la anciana, hoy la han traído un ramillete de margaritas. A la longeva se le ilumina la cara con emotivo gesto; sabe que las han recogido del jardín del Sr. Benito, por que todos los viernes a  las 12 le oye refunfuñar:
-¡Malditos niños!, otra vez me han cortado las flores para la vieja…


Flor llena la garganta con su propia saliva y lanza la pregunta:

-a  ver niños,  ¿qué cuento queréis hoy?

-El de la cuca, el de la cuca dice Pepín.
-¿El de la cucaracha?? Pero sabéis que es de miedo, mucho miedo.
-Sí, sí, porfa…

El silencio se hace en la sala y Flor empieza su narración.
                          ……………………………
Se llamaba Rosa, era hija de una bella condesa.
Cuando su madre y su abuela la vieron a la luz de las velas supieron que era especial, que su vida sería diferente a cualquier ser humano.
De bebé dormía durante el día, por las noches las pasaba en vela reptando  por su cuna.
Cuando aprendió a caminar, empezó a comer pequeños insectos que se encontraba en el jardín o en cualquier rincón de la casa. Esto generó un rechazo por parte de su madre y de su abuela y poco a poco Rosa pasó a ser una niña marginada.
Nunca fue al colegio, su mamá así lo dispuso, no quería sufrir los comentarios de la gente.
Y así, Rosa pasó a vivir entre la cocina y el sótano.
Nunca supo cuando se convirtió en una mujer, hasta que un día al pasar por delante de un espejo del pasillo se miró y lentamente recorrió con su mirada la dureza de sus facciones, la profundidad de sus ojeras, la desproporción de sus orejas y esos pómulos hundidos. Entonces entendió por qué su madre no la quería.
Era muy fea, sólo tenía bonito su pelo negro azabache, largo y liso.
Una lágrima ácida recorrió su cara y le hizo prometerse que jamás volvería a mirarse en un espejo.
La gustaba jugar con plastilina y modelar caras bonitas, ¿cuántas veces se había imaginando modelando su propia cara?
Un día cuando llegó la noche decidió terminar esa farsa que tanto la hacía sufrir y sigilosamente, como una cucaracha dejó que el matarratas terminara con la vida de las dos.

Me llamo Rosa de día y Cuca de noche.
Sé que soy especial, mi madre y mi abuela lo decían. Ellas me han convertido en lo que soy…una mujer oscura por el día y una cucaracha por la noche.
Cuenta mi abuela que cuándo mi madre supo que estaba en estado de buena esperanza, pidió a los ángeles de luz que le enviasen un bonito bebé.
Para su disgusto, no se cumplió su petición.
Y me enviaron a mí, una niña enclenque, de pelo negro y lacio, ojeras profundas y de carácter enfermizo.

Hace tiempo que ya terminé con ellas; recuerdo que fue de poco a poco, lentamente, como me gusta a mí, ¡verlas sufrir!, sentir como se les escapa la vida, como se me escapo a mí la hermosura, esa lindeza que tanto anhelé.
La noche está llegando y con ella mi cuerpo se convertirá de nuevo en un ser negro y oscuro en busca de su presa, no vale cualquier presa, deben de ser bellas.
Salgo del portal a oscuras, recorro la cuidad en mi furgoneta, a la espera que pase la mujer más hermosa, la veo, la sigo y al menor descuido la ataco por la espalda.

Ya la tengo, tumbada y amordaza en el sótano de mi casa. Inconsciente, débil y frágil recorro con el filo de una aguja de ganchillo sus ojos. He preparado la jeringa de silicona, la pincho por la cara y juego con su piel como si de plastilina se tratará.

Ahora si, está perfecta, por fin alguien que se parece a mí.
Otra más en mi colección…







María José Cea Villaoslada
Abril 2013

domingo, 10 de marzo de 2013

MIS MANOS


MIS MANOS

27 hueso, 11 músculos, ligamentos, articulaciones, tendones, 2 hemisferios…
En fin 630 gramos en cada mano.
¡Qué peso tan importante!
No me importan sus formas, lo que realmente me importa de ellas es que son resolutivas.
Todos los días las desafío. Cada reto lo cumplen sin queja.
Están sincronizadas en cada momento con mis hemisferios. Cada día se auto programan.

Decir lo que hacen mis mano conmigo sería repetir lo que todo ser humano, a mí lo que más me gusta es lo que hacen con los demás.

Llevo observándolas hace años, mis manos son como los buenos vinos.

Ahora y en este momento acarician a mi padre, y a la misma vez me retiran las lágrimas. ¡Qué sensibles son!

Hoy las manos de mi padre asieron las mías y en su idioma les dijo:
-Ayúdame a irme, deja que me vaya, no me cuides más.

Y suavemente le dijeron las mías:

-Yo sólo te cuido, pero no soy tu cadena.

Hablan entre ellas muy bajito. Se creen que no las oigo.
Hoy Domingo  4 de Febrero, mi mano derecha me miró y me ha dicho:

-Deja de llorar, sonríe, y disfruta de él, por que quizás mañana no esté aquí.












Maria José Cea Villaoslada
FEBRERO 2013

CLAUDIA


CLAUDIA


Mientras Javier conduce, recibo un guasa. Lo miro, lo leo. Es de Marina.

Javier pregunta:
- ¿Quién es?
- Es Marina, le está preguntando Claudia que a que hora vamos a llegar, quiere terminar de hacer los deberes.
- Le he dicho que a las 12.30.

Sigo con la mirada pedida y mientras sujeto con fuerza mi paquete, me siento feliz…No quiero soltarlo, es la primera vez que tengo uno y no es una herencia. Es de mi propiedad.
Recuerdo cuando me llovían las herencias por parte de todo el mundo. Estos zapatos, estos pantalones, hasta los ordenadores. Pero este es mío y lo voy a estrenar yo.
Me lo han traído los Reyes.  Yo creo en los reyes, existen dentro de cada uno de nosotros.
No suelto la caja, me la llevo a casa de Marina. Hasta no me importaría dormir con ella, como cuando era pequeña y tuve mi primera bicicleta y no era de segunda mano. Esa noche la metí en mi cama, no se como lo conseguí, prefería dormir en el suelo para darle a mi bicicleta la categoría que tenía.

Entro, saludo, y allí la veo, esperándome contenta, intrigada,  risueña, feliz... Siempre he visto algo especial en esta niña, su hermano también me gusta pero Claudia es… Quizás porque me reflejo en ella, la miro y veo la niña que yo era. Es como haber retrocedido en el tiempo y tener la oportunidad de volver a verme reflejada.
O ver esa niña que tanto desee tener y que muchas veces se marcho y me dejó un hueco en mi barriga, los ojos bañados en mar y un ingrato sabor a dolor.


-Hola, Marijo, ¿vamos a jugar?

-Sí, Claudia.

De mi espalda aparece como un rayo fugaz Bruno.

-Yo también quiero dice Bruno.

Los tres en el suelo.  La directora es Claudia, ella dirige ésta  función y yo me dejo llevar.

-Vamos a cantar una canción, vale!!!

- “Menchor, Gaspar, Papá Noel y Baltasar “

-Y entre cada palabra damos tres palmadas.

-Pero ahora solo la canto “Yo” - dice Claudia

Cuando termina su cántico, que es corto porque no pasa de la misma frase y las palmadas, y en un pequeño descuido de Claudia introduzco mi frase mágica.

- ¿Vosotros creéis en la magia?

- Yo no, es una chorrada - dice Claudia.
–La magia de verdad “no”, la magia de mentira “sí”. Abra cadabra te conviertes en sapo.
-La magia de las hadas es en la que no creo.

Observo a su hermano. El mezcla sus juegos, en la mano tiene y a su alrededor  varios muñecos, todos son imágenes de superhéroes.
Ligero y rápido, como si hubiera estando buscando el momento, con paciencia y en un descuido de la niña introduce su frase, es corta y dirigente:

-Yo creo en los juegos de superhéroes.

Pero Claudia es más rápida y apresa de nuevo la conversación hasta llevársela a su terreno.

-¡¡¡Buena idea, Bruno!!!
-Buena memoria.

No se por qué ha introducido ésta frase, pero si me doy cuenta que el niño ha visto que tiene poco que hacer con nosotras, y en un solo movimiento y sigiloso se retira…

Claudia, retoma la conversación y me dice.

- No me gusta el teatro, pero me gusta la magia porque hacen aparecer palomas.

Tiene mocos y sorbe fuerte.

-Te voy hacer una obra de teatro con marionetas que me ha regalado mi tía Macu.

Prepara las cosas, saca las marionetas y me dice dónde tengo que ponerme.

-No te pongas ahí, porque si no me ves…

Empieza la obra, tiene el cuento al lado, le cuesta leer y mantener la marioneta en alto, pero aun así ella lo intenta:

-Ti, ti, ti, ti, “quiero un hermanito”.

- ¿Te hace mucha emoción? Me pregunta, ¿o es que te gusta?

-Te voy a decir como se llama el cuento, pero espera que voy hacer una cosa.

Mientras golpea la caja suavemente, y me mira a través del escenario.

-Mi títere tenía un bolso, ¡¡¡¡ Mamá!!!! ¿dónde está mi bolso?, me lo lleve al colegio.

Su madre aparece por el umbral de la puerta y la mira enfadada.

- Claudia eres una descuidada, no eres una cuidadosa.

-¡Sí que lo soy!

-Tú pierdes muchas cosas, asiente la madre.

-¿Como qué?

-Como el bolsito. Tienes prohibido llevarte nada al colegio.

Claudia no quiere dar la razón a su madre y sigue preguntando.

-¿Por qué?

-El bolso lo has perdido, asiente su madre.

-Pues, mamá, no te pongas así. Me lo lleve anteayer, el jueves. Creo que está en el abrigo rosa que está en el armario.

Su madre insiste cada vez un poco más enfadada pero controlando la situación.

- Claudia lo has perdido, no sé por qué te llevas eso al colegio.

Su madre desaparece de nuestro entorno y Claudia abre la fiambrera, con la grata sorpresa que ha encontrado el bolsito de la marioneta.
Grita de nuevo.

-  ¡¡¡¡ Mamá !!!! Lo he encontrado dentro de la fiambrera.

Se gira de nuevo y abre el cajón del escritorio, encuentra algo y me dice:

-¿Te gusta éste cuadro? Lo he pintado yo, a mi padre le he pintado una camiseta.
-¿Quieres que juguemos a las maquilladoras?
-Tú eres la maquilladora, no tengo más pinturas pero si quieres puedes echarme colonia, espera que voy al baño a buscar más cosas.

Tarda en venir y la pregunto qué está buscando. No contesta pero vuelve aparecer en la habitación cargada de pequeñas muestras que alguna vez le dieron a su madre en algún hotel o perfumería.

Se cansa del juego y no se ni cómo ni por qué comienza hablar sobre sus amigas.

-Tengo una amiga que se llama Juana, tiene el pelo liso no rizado.

Coge su diario y juega con las páginas mientras yo le pregunto:

-¿Qué te gusta de tu amiga?

Sigue con los dedos enredados entre las páginas y sin levantar la mirada me dice,

-Su aptitud!!!


-¿Tú sabes lo que significa ésta palabra? La comento mientras la miro.

-Sí, su forma de ser.
-También tengo más amigas. Nerea G. Y Nerea P.
-Nerea P. Es de otra clase.
-Me gusta más Nerea G.
-También tengo amigos chicos, Jesús y Rubén. Todos se quedan al comedor. Un día Jesús se enfadó y mi profe Fernando decía hay 4 niñas y un niño enfadado.
-Ji ji ji ji

Mientras de fondo se escucha a Bruno haciendo ruidos raros:
- Cha-chi-chon

El ruido de su hermano no la descoloca, ella lleva un desorden en el juego que están perfectamente ordenados para ella y yo me amoldo a su juego.

-Marijo voy hacer un periódico para ti.

- ¿Te gustan las palabras? le pregunto.

-Sí, también conozco efímero.

-¿Qué significa efímero, Claudia?

-Por ejemplo, te quiero y no te quiero.

-¿Cuéntame cosas sobre tus amigas?

-Nerea P. Me gusta menos. Me gusta más Nerea G.

Luego más tarde hablando con su madre averiguo que Nerea P. la inquieta y la incomoda.
Tiene hambre, quiere comerse una chuche, pide permiso a su padre y su padre negocia con ella.
-Claudia si quieres una chuche tienes que subir y bajar 10 veces las escaleras.
-Ah, vale, papá.

-Marijo, ¿lo haces conmigo, por favorrrrrr?

-Vale, te ayudo.

Cuento las escaleras, creo que son 40. La pobre sube y baja. Es un ejercicio que le mandan sus papás porque está un poquito gordita.
Subimos y bajamos, pero ella como le parece mucho vuelve a negociar con su padre y fatigada le dice.

-Pa paaa,  son mu-chas, porfaaaaaaaaa, me-nos.

A lo lejos se oye a su padre decir:

-Vale ,Claudia, 6 veces.

Terminamos el ejercicio y se tira en el sofá del salón se apropia del mando de la Wii y se pone a jugar, está cansada, ya  no quiere jugar más conmigo.




















Maria José Cea Villaoslada
FEBRERO 2013