jueves, 6 de diciembre de 2012

“UN BEBÉ MUSICAL”

Fue engendrado en ambiente navideño, entre cánticos celestiales.
Lo que no sabían sus padres es que no estaban solos. En ese momento de pasión, amor, mientras que sus cuerpos se fusionaban en uno, las diferentes culturas latinoamericanas les ayudaban a procrear un bebé musical.
La gestación, no fue tranquila, durante el día el bebé permanecía sosegado, pero llegada la noche le confundía...
La feliz mama le decía a su marido:
- ¡¡¡ Ay papá, este bebé es como un sonajero!!! No para de moverse.
-No se que va a ser de mi barriguita, siento como si tuviera “Una charanga”..........

Y así, nació César.
El día que su madre se puso de parto, sus ayudantes fueron, Compai Segundo, María Dolores Pradera, Machin y muchos más... y todos ellos con sus ritmos hicieron que César viera la luz.
Su primeros pasos fuero a compás de salsa, sin tropezones, fijo, seguro de su caminar. Sus primeras palabras, entre balbuceos logró entonar una negra tomasa...

Cuando logró poner de acuerdo su ritmo y al compás de su verborrea, entreno sus manos y con ellas engatusar una guitarra, que la hizo suya y que siempre le acompaña.

Este es César:
De apariencia despistada. Oculta su dulce mirada detrás de sus lentes, el que no le conozca pensará que no se da cuenta de nada, pero es un gran observador. De aspecto bohemio, todo en él está en sintonía.
Es como un transistor, de esos antiguos, él solo se sintoniza para cada momento, es un instrumento en movimiento, como un organillo, solo hace falta que le demos cuerda, para que no deje de funcionar.
Cuando era un escolar cantaba las tablas de multiplicar, recitaba los ríos y por folias entonaba los verbos; en cada examen se llevaba a sus padrinos, esos que ayudaron a su madre a parir, y con sus ritmos latinos le chivaban las respuestas. Más de una vez se le escapo una nota musical en su examen, su profe le reprendía diciendo:

-Señor Gallego salga usted de su concierto particular y siga con su examen.

Y cuando el profe se daba la vuelta, él y sus padrinos le hacían un corte de manga.

La primera vez que vi a César, vi a un hombre lleno de notas, de cuerdas y compases, con su pitillo en la boca, abrazado a su guitarra, acariciaba suavemente sus cuerdas con los dedos encallecidos de tantas horas tocar.
Ya no hay dolor en sus dedos, solo duelen cuando no toca, duelen cuando hay silencio, duelen cuando no hay movimiento...

Primero fue sonajero, luego bebé musical y ahora una partitura sin terminar...que nunca acabará.

1 comentario: