Fue
engendrado en ambiente navideño, entre cánticos celestiales.
Lo
que no sabían sus padres es que no estaban solos. En ese momento de
pasión, amor, mientras que sus cuerpos se fusionaban en uno, las
diferentes culturas latinoamericanas les ayudaban a procrear un bebé
musical.
La
gestación, no fue tranquila, durante el día el bebé permanecía
sosegado, pero llegada la noche le confundía...
La
feliz mama le decía a su marido:
-
¡¡¡ Ay papá, este bebé es como un sonajero!!! No para de
moverse.
-No
se que va a ser de mi barriguita, siento como si tuviera “Una
charanga”..........
Y
así, nació César.
El
día que su madre se puso de parto, sus ayudantes fueron, Compai
Segundo, María Dolores Pradera, Machin y muchos más... y todos
ellos con sus ritmos hicieron que César viera la luz.
Su
primeros pasos fuero a compás de salsa, sin tropezones, fijo, seguro
de su caminar. Sus primeras palabras, entre balbuceos logró entonar
una negra tomasa...
Cuando
logró poner de acuerdo su ritmo y al compás de su verborrea,
entreno sus manos y con ellas engatusar una guitarra, que la hizo
suya y que siempre le acompaña.
Este
es César:
De apariencia despistada. Oculta su dulce mirada detrás de sus
lentes, el que no le conozca pensará que no se da cuenta de nada,
pero es un gran observador. De aspecto bohemio, todo en él está en
sintonía.
Es
como un transistor, de esos antiguos, él solo se sintoniza para cada
momento, es un instrumento en movimiento, como un organillo, solo
hace falta que le demos cuerda, para que no deje de funcionar.
Cuando
era un escolar cantaba las tablas de multiplicar, recitaba los ríos
y por folias entonaba los verbos; en cada examen se llevaba a sus
padrinos, esos que ayudaron a su madre a parir, y con sus ritmos
latinos le chivaban las respuestas. Más de una vez se le escapo una
nota musical en su examen, su profe le reprendía diciendo:
-Señor
Gallego salga usted de su concierto particular y siga con su examen.
Y
cuando el profe se daba la vuelta, él y sus padrinos le hacían un
corte de manga.
La
primera vez que vi a César, vi a un hombre lleno de notas, de
cuerdas y compases, con su pitillo en la boca, abrazado a su
guitarra, acariciaba suavemente sus cuerdas con los dedos
encallecidos de tantas horas tocar.
Ya
no hay dolor en sus dedos, solo duelen cuando no toca, duelen cuando
hay silencio, duelen cuando no hay movimiento...
Primero
fue sonajero, luego bebé musical y ahora una partitura sin
terminar...que nunca acabará.
Que bonito homenaje a César, el emperador del ritmo latino... :)
ResponderEliminar